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lunes, 8 de marzo de 2010

EL TOP 10 DE LAS "MENTIRAS" SEXUALES!!!




Un reportaje desmonta una decena de mitos sexuales completamente falsos, muchos transmitidos por generaciones; desde que masturbarse mucho provoca acné hasta que el semen engorda.

Así lo enumera el sitio español ADN:

1) Masturbarse con mucha frecuencia provoca acné. Durante décadas, los padres y educadores intentaron reprimir la libre expresión sexual de los más jóvenes con todo tipo de mentiras. La masturbación, al ser la práctica más socorrida y fácil de consumar, fue también la más difamada. Se llegó a decir que si alguien se hacía demasiadas pajas podía sufrir, entre otras cosas, epilepsia, ceguera, pérdidas de memoria, torcedura de pene, degeneración nerviosa, demencia, infertilidad, impotencia, mongolismo, epilepsia y, ya en casos de onanismo extremo, incluso la muerte. Algunas abuelas, llegaban a decir: “No te toques, Fulanito, que te van a salir pelos en las palmas de las manos”. Por supuesto, es todo mentira y ya no hay nadie que se crea estas falacias.

La paparrucha que sí ha llegado hasta nuestros días es que un exceso de onanismo provoca acné, tal vez porque un alto porcentaje de adolescentes tienen espinillas (debido a los cambios en el metabolismo, no a la masturbación) y se da por supuesto (otro mito) que a esa edad, las personas se autoestimulan más que nunca. Pero la realidad es que hay tan poca relación entre onanismo y acné como entre churros y Meninas. Lo confirma el doctor Valeriano López: “Son dos cosas muy diferentes. La masturbación es una práctica sexual muy sana que no causa ningún tipo de enfermedad o trastorno. El acné es una infección de los folículos cutáneos por un exceso de grasa y la acción de estafilococos”. Además, si la masturbación compulsiva produjera granos, tendríamos todos las caras como paellas.

2) Los hombres son más infieles que las mujeres. Todo lo contrario: las mujeres son más infieles que los hombres, sólo que mienten mejor y son muchísimo más discretas. Un hombre no se sabe callar y, en cuanto echa una cana al aire, corre al bar a relatar la faena ante los amigotes. Pero, como dice Gisela Runte en su libro ¿Por qué somos infieles las mujeres?, los cuernos de mujer “son bastante más frecuentes de lo que imaginamos”.

No en vano, la mujer suele tener más motivos que el hombre para engañar, motivos que no se limitan a lo sexual y van más allá: búsqueda de cariño y comprensión, ganas de sentirse deseadas, de vengarse o enamorarse de nuevo (la llamada infidelidad platónica)… El caso es que ellas ponen más cuernos y una encuesta publicada esta semana lo confirma: la tercera edición del Estudio sexual, realizado por la psicóloga y sexóloga Virginia Crecer para Sexole.com consultando a más de 130.000 personas, se cerró con sorprendentes resultados: entre los encuestados, se declararon infieles el 49% de las mujeres frente a un 43% de los hombres.

Así que no hay que fiarse, pensando que ella es una santa incapaz de romper un plato: tras esa cara de mosquita muerta o madre perfecta se puede esconder una auténtica e insaciable femme fatal.

3) Si no hay eyaculación, no hay embarazo. ¿Cuántos seres humanos deben su atormentada existencia a esta paparrucha sexual? Podemos presumir que muchos, puñados. La idea de que se puede penetrar a una mujer sin preservativo y sacar el pene poco antes del orgasmo para eyacular fuera y evitar un embarazo (la popular y socorrida “marcha atrás”) es muy temeraria y carece de base científica. La terrible verdad es que si no hay condones a mano, vas a tener que bajar a la farmacia de guardia a por un paquete, y vas a tener que embutir tu pene en él para no arriesgarte a un embarazo no deseado. Porque, sintiéndolo mucho, el líquido preeyaculatorio que el pene segrega cuando se pone en acción (con objeto de limpiar la uretra de los ácidos de la orina) contiene espermatozoides capaces de fecundar óvulos.

Que sí, que contiene muchísimos menos espermatozoides que el semen, pero haberlos haylos y el riesgo de un embarazo no deseado pende cual espada de Damocles sobre esos coitos a pelo. Así que, aunque el condón sea un rollo, más vale prevenir que abortar.

4) Los negros tienen más potencia sexual que los blancos. Esta leyenda urbana se deriva de un hecho impepinable: es muy cierto que, por regla general, los varones de raza negra poseen miembros viriles de mayor tamaño que los hombres de otras etnias (del mismo modo que las mujeres de color poseen vaginas más profundas y elásticas). Lo que es mentira podrida es que sean más potentes. O, al menos, no existe a día de hoy ningún estudio científico que avale esta descabellada teoría. Es más, cualquier sexólogo con dos dedos de frente sabe que cuanto mayor es el tamaño de un pene, más difícil es conseguir una buena erección, ya que el corazón debe bombear más sangre a los cuerpos cavernosos.

No hay que confundir, pues, penes grandes (ni blancos ni negros) con mayor capacidad para dar y recibir placer. Pero no hay mal que por bien no venga y esta paparrucha ha propiciado un buen montón de parejas interraciales. “Café con leche”, lo llaman en el argot swinger.

5) Si una mujer no sangra en su primera relación sexual, es que no es virgen. En los campamentos gitanos más tradicionales, aún existe la figura de la “ajuntaora”, una señora que cobra unos 600 euros por comprobar, en vísperas de una boda, si una gitanilla es virgen o no. Para ello le hace la prueba del pañuelo, introduciédolo en las profundidades de la vagina de la novia. Si sale “manchado con tres rosas” (de sangre), la chica es virgen; si sale limpio, no lo es.

Dejando aparte las trampas que pueden (y suelen) hacerse para engañar a la “ajuntaora” y que el himen puede romperse por causas tan diferentes como un golpe, una carrera a lomos de un caballo o un exceso de menstruación, los gitanos deberían saber que, según estudios del sexólogo mexicano Oscar Chávez, no todas las mujeres nacen con una membrana en su vagina y, de entre las que nacen con ella, muy pocas sangran en su primera relación sexual.

Esta paparrucha, que ha provocado muchos dis gustos en las tribus que aún rinden culto al himen, también es causa de muchos miedos en el mundo moderno: aún son legión las jovencitas que están convencidas que su “primera vez” estará teñida por la sangre y el dolor.

6) Los hombres con nariz grande ligan más y están mejor dotados. Para nada. Una cosa es que ser narizón no sea obstáculo para que un hombre resulte atractivo a una mujer, y otra muy distinta que un señor ligue más por tener “la muerte del loro”. El mito se ha desmontado en una reciente encuesta realizada por Sexole.com, en la que se mostró a miles de chicas una fotografía de la prominente nariz de Javier Bardem y otra de una napia mucho más pequeña perteneciente a un hombre anónimo: el 90% de las encuestadas escogió la segunda.

Por lo demás, no existe ningún estudio científico que demuestre la menor relación del tamaño de la nariz con el del pene. Ni el de la nariz, ni el de las manos ni el de los pies, como aseguran otros mitos urbanos. Son paparruchas tan insignificantes como este chiste: “¿Por qué los hombres tacaños tienen la nariz grande? Porque el aire es gratis”.

7) Viagra es un afrodisíaco. Las millonarias ventas de pastillas contra la disfunción eréctil (ya sea Viagra, Cialis o Levitra) y su gran éxito en el mercado negro, son síntoma inequívoco de la inmerecida fama del sildenafil: muchos hombres lo toman como una panacea que les hará disfrutar de una excitación sexual muy intensa a lo largo de mucho tiempo cuando, en realidad, lo único que hace Viagra es actuar sobre los cuerpos cavernosos del pene, inhibiendo una enzima llamada fosfodiesterasa V para bloquear la erección y mantener la virilidad a tope por más tiempo.

El morbo, el deseo carnal o las ganas de hacer el amor son sentimientos que surgen del cerebro, que es el que luego da la orden al corazón para que bombee sangre al pene. Pero la cosa no funciona al revés, es decir, que no por el hecho de atiborrarse a Viagra y tener el falo duro como una piedra se va a disfrutar más una relación sexual.

8.) Pensar en personas desagradables o cosas aburridas es un remedio contra la eyaculación precoz. Para nada, y no hay más que hacer la prueba. Estar en la cama penetrando a una diosa y pensar en las imágenes de un accidente de tráfico, en la cara de la suegra o en la última reunión de trabajo, no sólo impide al individuo perder la concentración y disfrutar menos del acto sexual que está perpetrando sino que puede surtir el efecto contrario y hacer que el eyaculador precoz se corra todavía más rápido que de costumbre.

Esto está demostrado científicamente: equipos de neurólogos y sexólogos han unido sus fuerzas para descubrir que pensar en otra cosa durante el coito “disminuye el control cortical sobre el reflejo eyaculatorio”. Así que lo mejor es afrontar el problema e intentar resolverlo de otra forma, ya sea mediante técnicas respiratorias o visitas al sexólogo. O, si no hay nada que hacer, disfrutando del momento, aunque dure poco. Al fin y al cabo, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

9) Los espermatozoides de cada testículo producen hijos de diferente sexo. Mucho se ha especulado sobre los trucos del almendruco para elegir el sexo de un bebé: unos decían que el misionero traía niños y si se ponía la mujer encima traía niñas, otros que si se copulaba con luna llena, sería niña, y si había cuarto menguante o creciente, sería niño.. En Oaxaca (México) las viejas aseguran que si la mujer hace el amor mojada con agua, nacerá una niña. O que si se come mucha carne nacerá niño y si se come mucho chocolate será niña. Pero, sin duda, la teoría más disparatada es la que dice que cada testículo alberga espermatozoides de un sexo diferente.

Todavía son muchos los pacientes que acuden a un ginecólogo o urólogo y le ponen encima de la mesa esta cuestión. Pero la verdad es que (por aburrido que suene) ambos testículos producen las mismas células espermáticas y los mismos cromosomas. El sexo de una criatura, es decir, la fertilización, se decide en el momento en el que, dentro del cuerpo femenino, el espermatozoide (X o Y) se junta con el óvulo (siempre X). Parece mentira, pero es así y, por lo tanto, no tiene ningún sentido apretarse un testículo durante el coito: el Destino, y nadie más, es el que decide el sexo que va a tener tu hij@. Al menos por ahora…

10) El semen engorda. Esta paparrucha tiene, al menos, una base real: las muchas vitaminas, proteínas y aminoácidos que contiene el semen. Ciertamente, los espermatozoides flotan en una sanísima mezcla de fructosa, aminoácidos, calcio, sodio, potasio, ácido cítrico y fósforo, entre otras sustancias que componen el semen humano. Pero la cantidad de nutrientes que contiene el semen no son suficientes, ni de lejos, para alimentar a una persona.

Algún pícaro usó esta información para convencer a su amante de que se tragara su semen, y así la paparrucha se divulgó, la bola de nieve rodó y hoy, en plena era de la anorexia, te encuentras con inocentonas que dicen que no beben semen porque engorda. ¿No se dan cuenta que, de ser así, la inmensa mayoría de las actrices porno –especialmente las que hacen bukkakes- estarían gordas como vacas?





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