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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Una de tantas del IMSS - Recuerdos pachecos

Me acabo de acordar de la última vez que fui al IMSS (o, como dicen por donde vivo, que "jui al Seguro"):

Después de esperar un buen de horas, obvio, me toca turno...

Me levanto (con dificultad, la fiebre, la reuma, las dos horas parado, la otra hora sentado en estado de estupefacción producto de las escenas trágicas de insalubridad, cucarachas por entre los escritorios y sillas de la sala de espera, humanos con atuendos definidos que se las dan de gandallas, de últimas coca-colas en el desierto, con su jetota, dando un pésimo trato a otro grupo de humanos, normalmente jodidos, enfermos, vulnerables, con necesidades puntuales por mera observancia a derechos elementales de esos humanos a ser atendidos con rapidez, amabilidad, calidez, sensibilidad... y que reciben exactamente todo lo contrario)...

Camino (con dificultad, hay que evitar pisar a decenas de niños pequeños enfermos, mocosos, inocentes del sistema y víctimas del sistema, que pasean trapeando el suelo purulante de bacterias, hongos, deshechos peligrosos de hospital y diversas partículas de sustancias incuantificables adherida a la suela de miles de pares de zapatos que transitan a diario por ahí... Y además ya estoy viejo, por eso camino con dificultad... Últimamente me di cuenta que estoy hasta tullido)...

Entonces, me levanto, camino... Y no acabo de pasar el umbral de la entrada del consultorio cuando el honorable doctor, médico familiar de tan honrosa institución, YA ESTABA REDACTANDO MI RECETA teclado bajo ataque digital (un solo dedo)...

...
...

Neta, ya estaba redactando mi receta. Cuando le inquirí al respecto, osó responderme cual ínclito galeno de la posmodernidá cibertecnológica-expedencial, QUE, con fundamento en lo escrito sabiamente por él y otros galenos exorbitantes anteriormente en mi expediente, él podía saber qué padecimiento me aquejaba y qué medicamentos requería antes de siquiera verme... Además, claro, de que la farmacia en línea le estaba obligando a darme esos medicamentos porque no había de otros...

Me arrojé visualmente con un rápido y meticulosamente bien planeado cuadro por cuadro movimiento de cabeza, cuello de pelícano (mínimo garza) y columna. Seguro de su sorprendente discurso, el honorable médico familiar me dejó inspeccionar sin broncas la receta... Leí...

Umm... Paracetamol... Diclofenaco... Chido... sí... (me fui de largo, pero lo que quise decir es que a mi cerebro reptiliano le pareció excelente la droga prescrita con tanta pre-meditación).

Entonces mi estimado y reconocido médico familiar de la clínica del IMSS o inSeguro Social me dijo algo que ha pasado a la historia conceptual pacheca de la banda, y que me hizo rendirle en silencio y en secreto todas mis pleitesías... Conecté mis chacras y luego los desconecté porque no sé qué es eso ni cómo se usa, todavía brindé gustoso valiosos diecisiete segundos de asesoría en informática al explicarle al galeno dónde se cambiaba de minúsculas a mayúsculas en el teclado... Salí de ahí gustoso de imaginar que ahora la medicina podría generar una revolución integral de salud, caray, nomás imagine que el sofisticado galeno aprendiera a usar el messenger... ME DIJO:

"No, no, no, hermanito, no... no... no... Tssssssss... Tssssss... Mira: Yo, dos de éstas en la mañana, y otra como al mediodía, con un café, utttsssss... con el diclofenaco sientes que andas LIVIANITO, LIVIANITO..."
























DON FÉLIX Y EL TLACUACHE - Recuerdos pachecos

“Estos miserables vinieron a dejar un tlacuache muerto en la caseta del teléfono” dijo indignado Don Félix mientras lo cogía de la cola y se encaminaba hacia el baldío para aventarlo. Menos mal que no fue incendiado, pensé.

Unas horas antes de ser encontrado por Don Félix, ese tlacuache había sido brutalmente pateado por los aires y una bota había caído sobre su cráneo casi al momento de caer. Fue una patada justa acertada como despeje de área porque el animal salió de entre los matorrales junto al carro. Fue uno de mis alterns ego. Fue una reacción futbolera de defensa legítima. Satanás, entonces, fue a rematarlo con sus botas.

Una vez sometidos por nuestra salvajada, decidimos, el Satanás y yo, ir a dejarlo, como muestra de nuestra batalla con los aliens, al punto de mayor visibilidad de la entrada de la colonia: la única caseta de teléfonos (de monedas de a peso) que había kilómetros a la redonda.

Esa época que mis alterns ego se juntaron con el expresidiario por homicidio, Satanás, fue muy borderline.














Movilización de oficinistas y policía - Recuerdos pachecos

Con respescto al post anterior de Recuerdos pachecos, olvidé incluir la historia de los vecinos oficinistas y su gran movilización. Trabajaba en una oficina céntrica rodeada por cantidad de vecinos igualmente metidos en una jaula. Tenía una isla de edición en el fondo junto a la salida al cubo posterior de ventilación del edificio en un primer piso, es decir, el cubo de ventilación apuntaba hacia arriba y colindaba con todas las oficinas de los pisos superiores. No era raro que me desvelara trabajando en las ediciones, por lo que un día de gran chamba, la isla se quedó trabajando (rendereando), justo unos quince minutos después de la hora de entrada a las oficinas al día siguiente, un error técnico hizo que se me disparara el audio-monitor de la isla y en ese momento iniciaba una edición pesada y multirepetida de una escena de violación hecha por una actriz y un actor conocidos. Yo estaba en el baño, salí, alguien me dijo que mi oficina era un mar de gritos, que qué pasaba, llegué, me clavé en el pasillo y con vista fija me fui acercando a mi oficina con una sonrisa en la cara porque reconocí qué estaba pasando, se me había disparado el audio-monitor y estaba alto y saturado. Entré y atrás de mí cerré la puerta de mi oficina, procedí a ver una y otra vez la escena, y con mi desveladota encima y con sueño, dejé abierto el audio-monitor. Como 5 ó 6 minutos después tiraron la puerta. Sí... Un policía, haciendo gran alarde de fuerza, tiró una puerta chafa de marco débil asida a tablaroca. Mis vecinos oficinistas estaban ahí, atrás, tratando de ver qué pasaba... Yo no aguanté la risa, le expliqué al chavo policía lo que era, y él sólo repetía: es que me llamaron, estaban violando a una chava y sus gritos eran espantosos... Como no paré de reír para mí, los vecinos oficinistas lo tomaron a mal, pero no volví a saber de ellos una vez que meses después dejé esa oficina.

HOSTIGANDO VECINOS - Recuerdos pachecos

En mi carácter funámbulo, errabundo, perro de nadie, artista muerto de hambre, he vivido en cantidad patológica de domicilios en un número considerable de ciudades. Vecinos he tenido cientos. Hay muchas formas de hostigar vecinos, que van desde un simple encontronazo por nimiedades hasta actos criminales. Pasé por todas, cierto. Pero hoy me referiré a una en específico: La que tiene que ver con facetas artísticas que para la gente son muy pachecas. Un hostigamiento hasta cómico-didáctico-en el momento odiado-confuso-sabe. Definitivamente dejaba una gran experiencia significativa para ellos, mis vecinos.

Como músico exitoso de chamaco a la mandolina, tenía más o menos desparramada mi disciplina de ensayos, así que taladraba el oído de todo ente a la redonda. Pero era un niño y así debían verlo, como una infantilada, incluso pensarían que era tarea, como quienes hemos (también) taladrado el oído del prójimo con las clases de música y la flauta pesadilla de cualquier vecino de chavo/a alumno de secundaria.

Ya como una década y cacho después, como músico frustrado, gestor literario, management, tallerista, etc., me hice siempre notar ante mis vecinos como un ente noctámbulo, quizás vampiro, que vivía de 4, 5 de la tarde a 6, 7 de la mañana, que se le relaciona con criaturas de la noche, con mujeres iguales de enfermas de soledad, de ansiedad, con seres extraños del cosmos que son de espíritu libre en potencia, mientras, y antes de vencer las cadenas, viven en la incertidumbre ilustrada, se le relaciona con un montón de sociedades secretas, grupos herméticos, ideologías, teorías, creencias, pero huye a la esclavitud intelectual. Así era yo, si no por nada estoy tan dañado. Para ese entonces, y cuando las reuniones eran mi chante o en mi subchante o alrededores, los vecinos eran hostigados por el misterio de esos movimientos, de la presencia non grata de entes enigmáticos, endémicos y chance hasta endemoniados. Pláticas de filosofía barata y de atáscate que hay lodo, cantos, gritos, alaridos acompañados de guitarras arrítmicas y desafinadas, bebidas, lechita, tortas de jamón y tocino, licuados, un rock penetra a través del humo denso y me colapsa el corazón...

Ah, por cierto, un trabajo me daba para comer y no había problema por las horas de sueño en esa etapa muy larga de vida noctámbula y provisional, podía dormir una gran parte de mi jornada laboral, era funcionario del gobierno federal.

Más adelante, como escombrista de lo audiovisual, mis vecinos fueron hostigados por desfiles de personajes, actores, vestuarios, utilería, parlamentos a diafragma desde el interior de un depa de interés social... Una vez, ensayando un performance, hasta una batería metimos un domingo desde las 12 hasta las 21 horas... La batería no fue el problema, ciertamente, sino el carajo ruidajo que se hacía en esas microsalas-comedor-cocina-recibidor-y-pasillo... el daño era de edificio a edificio, otra vez fue de casa a casas. No tiene que ver con vecinos, pero en esta etapa llegamos a tirar a un actor en mitad de la calle y cubrirlo con una sábana en plena hora de tránsito, recuerdo que trataron de extorsionarnos dos policías con aliento alcohólico y las latas de chela en el piso de la patrulla, pero vieron los que vimos con la cámara y mejor hasta nos cuidaron un rato.

Hostigamiento por parlamentos. Imagine usted (es que hoy ando muy propio, ya ve usté) que guioniza o lleva al escenario una obra de esas que le gustan al escombrismo... Ya es muy patológico, pero encima imagine que la ensaya con diafragma, como debe ser, sin miramientos de contexto infonavitesco. Imagine los sociodramas: Mis vecinos tuvieron que pasar (y aún lo hacen, muy de vez en años) por salvajes golpizas de un esposo machoso y posmoderno contra una fémina dejadota, llamaban a la policía para hacer el ridículo frente a una escenografía donde la matirizada estaba atacada de la risa sin percatar que había regresado a ser la actriz, no el personaje. Vecinos que escucharon noche con noche una voz que hablaba por teléfono y tramaba un crimen, una vendeta, sangrienta, psicótica... En aquel entonces yo ensayaba frente a un proyecto radiodramático... Y sin avisar a los vecinos. Debieron pasar momentos de intriga porque después de un mes de ese proyecto, el vecino llegó a cuestionarme sobre "conversaciones extrañas", como que "alguien usaba mi teléfono cuando no estaba". Con la mente en otra cosa le dije con certeza: no tengo teléfono, sería en la casa de al lado (hostigamiento al trasladar culpas por el alzheimer de tu cotidianidad que para otros es excentricidad). ¿Qué dije? No me acuerdo.

Épale... Acabo de juntar las dos mitades de neurona que me quedan buenas y he entendido algo: Las vecinas de abajo de mi depa en Lomas del... no eran sexoservidoras de catego, sino hacían videos porno.














Realmente nunca se fueron...

"No te nos mueras nunca", le gritaba un chaval a Gustavo Cerati junto a la puerta de staff en el ex auditorio municipal de León, en 1988, cuando las viejas aún no se le aventaban para encuerarlo. Ese chaval creció y postea aquí, y lo único que se puede garantizar es su agravamiento de daño cerebral. Gustavo evolucionó y desde hace bastante lo encueran las chicas, pero además ahora lo hacen las señoras.













... Y La Carabina de Ambrosio...

... La palabra canta...














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